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ANA MARÍA MANCEDA
San Martín De los Andes - ARGENTINA |
DOCENTE(CÁTEDRAS DE GEOGRAFÍA Y BIOLOGÍA A NIVEL SECUNDARIO). ESCRITORA ( CUENTOS Y POESÍAS).PARTICIPACIÓN EN VARIAS ANTOLOGÍAS POR SELECCIÓN CON MENCIÓN DE HONOR Y PREMIOS NACIONALES E INTERNACIONALES. EDITORIALES. DE LOS CUATRO VIENTOS, DUNKEN, RAÍZ ALTERNATIVA, NUEVO SER. ( BUENOS AIRES) NOVELARTE Y CENTRO DE ESCRITORES NACIONALES ( CÓRDOBA) DE LAS TRES LAGUNAS(CERTÁMEN JUNÍN PAÍS) PROVINCIA DE BUENOS AIRES.EN REVISTAS LITERARIAS INTERNET: YO ESCRIBO.COM. AZULARTE.ARTECOMUNICARTE.CON VOZ PROPIA.ELDÍGORAS.FUNDACIÓN AZARA.CENTROPOÉTICO.LITERALIA ( REVISTA DE ESCRITORES HISPANOAMERICANOS) ISLA NEGRA.ARTESANÍAS LITERARIAS.CIUDAD DE M UJERES. INTEGRANTE DE POETAS DL MUNDO Y REMES ( RED DE ESCRITORES EN ESPAÑOL).
OCTUBRE 2007: MENCIÓN DE HONOR POR EL CUENTO"PERFUMES LEJANOS" CERTAMEN INTERNACIONAL "JUNIN PAIS 2007" Y AUSPICIADO POR CULTURA DE LA PRESIDENCIA DE LA NACIÓN, CULTURA DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES Y MUNICIPALIDAD DE JUNÍN.
OCTUBRE 2007: SELECCIONADA POR EDITORIAL DUNKEN( BUENOS AIRES) POR CUENTO "POSICIONES RELATIVAS" PARA ANTOLOGÍA "DESDE LA PLAYA" |
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Últimos comentarios de este Blog |
20/07/08 | 05:03: Vivi-Abanico de luces dice:
Hola Ana María, Felíz día! Me encantó este poema, lleno de evocación de otros tiempos, como una vieja película que se vuelve a ver con nuevos descubrimientos para el asombro... o para entender que ya no somos los mismos. Te felicito. Un beso. |
15/07/08 | 15:48: eduardo burgos dice:
Ana,a mi me cae como anillo al dedo,y te prometo que lo voy a difundir en mi programa de tango que tengo en lv12 radio independencia de tucuman los domingos de 14 a 16 hs.y vos lo podes escuchar por internet en www.lv12.com.ar por am.un beso y te felicito.si queres llamar al programa 03814845100 pregunta por cacho burgos,gracias |
25/06/08 | 14:41: gustavo del blog (amor y olvido....) dice:
Ana Maria la verdad que coincido en un todo con vos las palabras del poeta se propagan en el universo y se mezclan con las de toda la humanidad, siempre están para acompañarnos siempre habra alguien que escriba que cuente nunca dejaremos de hacerlo te mando un abarazo Gustavo.... |
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El Rubio
El asistente o ladero de una personalidad relevante del mundo del hampa nos cuenta en primera person... Ampliar
u$s 20.20 |
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EL ALETEO DE LA MARIPOSA
LA DANZA DE LAS PALOMAS. CUENTO
AUTOR: ANA MARÍA MANCEDA. SELECCIONADO POR CERTAMEN INTERNACIONAL PARA ANTOLOGÍA “POETAS Y NARRADORES CONTEMPORÁNEOS 2007” EDITORIAL “ DE LOS CUATRO VIENTOS”
Lili giraba, su falda ondulaba como las alas de las palomas que seguían su vertiginoso bailoteo. De sus manos caían sembrando de luz las semillas que alimentarían a las más sagaces y apresuradas. Esos momentos eran los más felices del día, luego venían las obligaciones del orfanato, el aseo, los estudios, la rígida disciplina. Lo único que la perturbaba en su vuelo de libertad era la mirada de un mendigo que solía acurrucarse en la entrada de coches que daba al patio del convento y la miraba conmocionado. La imagen de Lili dando de comer a las palomas mientras ejecutaba su danza desde una música inasible y misteriosa lo fascinaba. Pero ella seguía con su ritual, sabía que era inofensivo. Cuando las campanas de la iglesia sonaban a mediodía terminaba la magia del juego. El padre Jaime bajaba desde la torre, donde tenía sus habitaciones, la tomaba de la mano y juntos se iban al encuentro de las otras huérfanas, era la hora del almuerzo. El mendigo sentía que el sol se opacaba, la jornada perdía su brillo, las palomas ya no danzaban, deambulaban sin dirección, emitiendo sonidos irritantes para luego cobijarse en los techos del orfanato y la cúpula de la iglesia.
Los años pasaron, el mendigo vio el máximo esplendor de la niña en su juventud, sus juegos con las palomas parecían una bella pintura de la primavera. Pero había algo discordante en esa serie de imágenes que él había observado durante años, cuando el padre Jaime venía a buscarla ya no la tomaba de la mano y ella transmitía la rigidez de una estatua, sumisa iba junto a él, la oscuridad del día comenzaba en ese instante. Con el tiempo sintió que el brillo se ensombrecía cada vez más hasta que dejó de verla. Pero él seguía allí, esperando la misericordia de los transeúntes. Con el tiempo las palomas se fueron apoderando de todos los techos del edificio, hacían insoportable la vida de los habitantes del orfanato y de la iglesia que se situaba en su interior, durante el día cubrían todo el patio de piedra en el que otrora Lili jugara feliz. Lo que no cambiaba en ese paisaje denso y agobiado eran las campanadas de la iglesia, como ignorando los hechos sucedidos en esos años.
Una noche de tormenta se sintió crujir el techo de la habitación de Lili, carcomido por el tiempo y las palomas, asustada bajó a pedir ayuda al padre Jaime cuyas habitaciones se encontraban en el piso anterior al suyo, el padre corrió por las escaleras, temiendo que cayera parte de la techumbre. La joven subió tras él, cuando entró en la habitación vio al hombre asomado a la ventana, el estruendo de los rayos y el estrépito causado por el desprendimiento del alero de la ventana en su choque contra el patio de piedra la aterrorizó, en un instante intuyó el infierno que tanto le habían inculcado en los años de orfandad, años que sesgaron su inocencia, su libertad. Ese hombre vestido de negro, inclinado hacia el lugar donde ella creyó atisbar un mundo de esperanzas, iluminado por la luz de los relámpagos, se le asemejó al demonio. Resuelta, inmutable, serena, se acercó y con toda la fuerza que le daba el odio almacenado en su cuerpo, lo empujó.
El viejo mendigo, contraído, resguardado bajo el pórtico, vio la figura de un ave gigante, encendida su negrura por las luces de la tormenta, volar de manera azarosa y frenética, hasta verla horrorizado estrellarse contra las piedras. Sintió un intenso frío interior, como el frío vacío de una época que huía. El ruido del cuerpo al caer quedó mitigado por las campanas de la iglesia que comenzaron a tañer, anunciando las doce de la noche. Las palomas, obcecadas en sus sombras, estaban quietas y en silencio.
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